Escribir es una buena manera de remendar los pecados. El verdadero problema es cuando no sabes si realmente has pecado. Uno lo pasa mal cuando busca algo y no lo encuentra. Pero cuando se pasa peor es cuando ni siquiera sabes lo que quieres. Es fácil vivir (cuando se tiene dinero), pero a veces parece tan difícil vivir siempre bien… a gusto, en paz. La vida es un rato, y se vive también a ratos. Hoy corro, luego duermo. Hoy despierto para mañana comer. Ahora veo y escucho, pero quizás más tarde me sume en la más absoluta oscuridad. Siempre es así: hoy te quiero y ayer te odiaba; y mañana no te podré mirar. C’est la vie. O que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son. Hoy Quijote y mañana Sancho. Todo tan distinto y todo, siempre, tan igual.
Bienvenido a mi vida, que es vida y es sueño
como una canción que quiere salir del sombrero
como una mentira mal dicha o una broma
que suena siempre, cual estrella, tan sincera.
Bienvenido a mi vida hecha con versos
de palabras tristes que forman frases feas,
de notas que suenan tan amarillas que ya
pocos oídos escuchan lo que encierran.
Bienvenido a la historia de las frases no dichas
de las palabras nocturnas y bares de carretera,
bienvenido a las luces de neón que no brillan
Encantados con los ojos que hablan sin promesas.
Bienvenido a ésta, poesía incompleta.
La vida no es una fiesta. Todos sonríen ante todos, porque todos lloramos a escondidas. Todos intentan mostrar una imagen impecable, porque todos tenemos muchas cosas que ocultar. Porque la vida no es tan sencilla. Ni es una fiesta. Y yo lo sé ya. Y muchos aún no lo saben. O no lo quieren saber. Y esa es mi condena, pero también mi mayor virtud. Y me cansa… Me cansa ver tantas risas apagadas, tantas copas vacías, tanto amor que se queda en palabras, tanta amistad mal dicha y mal nacida, tanto odio derramado en una mirada y tanta envidia infundada, porque en este mundo, señores, la perfección no existe. Sinceramente, me cansa tanta falsedad. Porque tú y yo sabemos que la vida no es una fiesta, o por lo menos, no el tipo de fiesta que casi todos se imaginan. Porque la vida también es llorar y es sufrir. La vida es siempre luchar por la vida. Y si fuera fiesta, seria la de los vencedores, lade los que aprenden a mirar las cosas sin cerrar los ojos, la de los intentan sobrellevar lo mejor posible su tiempo disponible, sin querer herir a nadie, porque ya tienen todas sus deudas pagadas. Y si uno no conversa consigo mismo, jamás podrá descubrirse, ni saber de qué carece para suplantar el vacio. Y amigos mios, no se engañen, que todos pensamos, por mucho que algunos quieran evitarlo. Pero no se puede evitar ser humano. A ver si todos aprendemos que uno no puede evitar ser lo que uno es, por más que se disfrace. Y es que hasta el Carnaval termina acabándose...
Han llegado temprano a la playa y la arena descansa solitaria. La marea está baja, y a lo lejos, junto al horizonte, se divisan destellos brillantes de color esmeralda que indican que el mar aún no se ha marchado. Ella se quita las chanclas y extiende su toalla. Él la mira, atento. Ella se da cuenta y coquetea mientras se quita el vestido. Él no deja de mirarla.
- ¡Venga!, ¿a qué esperas?
- A que el sol se ponga
- ¿Deliras? ¿Entonces por qué hemos venido temprano a la playa?
- Así tendré más tiempo para mirarte
- ¡No digas bobadas! ¿Nos damos un baño?
- El mar ya no me interesa. En mis ojos ya no existe el horizonte.
Y ella, con cara extrañada, se aleja danzando, dibujando siluetas en la arena, festejando un nuevo encuentro con el mar. La mar. Sólo la mar.

En medio de la plaza yace erguido, altivo, observando los juegos de los niños, tan majestuoso e inmortal. El 18 de octubre cumplirá condena y morirá degollado. Ha sido declarado culpable por vivir rodeado de cemento. Culpable por respirar los humos de los coches. Culpable por ser aquella fuente de imaginación infinita: a veces nave espacial intergaláctica y a veces barco, a veces puente en mitad de un caudaloso río y a veces borrascosa montaña. Pero él jamás sonrío su suerte y jamás lloró sus penas, como si escondiera algún tipo de sabiduría oculta a los ojos de los hombres. Por eso era venerado. Hasta que la sabiduría le dio la espalda, y hasta que el hombre mismo, que un día estuvo enamorado de su figura, dejó de ser sabio, asustado y atormentado por las verdades que había descubierto, y buscó otros amores más lejanos. Él volvió a ser lo que fue, ahora preso entre rascacielos. Silencioso espera su muerte, tan pasivo como siempre, mirando hacia arriba porque teme encontrarse con sus pies.
Hace sólo un par de días estuve paseando por las calles en las que esta misma mañana, a gente como yo, estudiantes universitarios que luchan por defender sus intereses, se les ha tratado como si fuesen el peor de los ganados. Sólo un par días estuve fotografiando aquellas calles en las que fotógrafos y periodistas han sido agredidos por ejercer su profesión. Ahora recorre por mi mente la típica pregunta de ¿hay derecho?
Yo lo tengo claro. No, por supuesto que no lo hay. Y los debates políticos de Cuatro o las opiniones de los diarios pro-gobierno como El País, o Público, o toda la mierda variada del Imperio PRISA o del Imperio Vocento o cualquier otro grupo mediático amoral de nuestro país puede decir lo que quiera. Pero por supuesto que no hay derecho. ¿Cómo va a haberlo? No quiero mentir y quiero ser honesta si digo que no conozco los hechos de primera mano. Hace dos días que tuve la fortuna (visto lo ocurrido) de abandonar aquellas calles. Pero os informo de que la mayoría de los medios tampoco saben más de lo que yo puedo saber. Ni de lo que saben ustedes. Yo, lo que puedo decir como estudiante universitaria es que no hay derecho. Esas personas estaban encerradas en el Rectorado de la Universidad de Barcelona porque llevamos muchos años hablando y reclamando la retirada de un plan que no ha contado en ningún momento con el respaldo de la mayoría del alumnado. Un plan que se ha hecho a espaldas de la comunidad universitaria y de la ciudadanía. ¿Es qué los políticos se creen que pueden hacer lo que les da la gana? Que equivocados están. Nos tendrán que matar, uno a uno, como hacían Hitler o Mussolini, si quieren que nos callemos la boca. Porque no vamos a callarnos. No vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras ellos mangonean el sistema universitario y nuestros planes de estudio a su antojo. La Universidad es uno de los pilares de nuestra sociedad. Ha sido y debe ser el lugar de inspiración de la crítica y de la oposición. Es el lugar de formación de todos los futuros profesionales e intelectuales. Es nuestra casa, la de todos los universitarios. Y no vamos a dejar que la derriben. Por supuesto que NO nos cerrarán la boca porque doctores y catedráticos nos han enseñado que el derecho más preciado del hombre y por el que tanta gente a muerto y sigue muriendo es el de la libertad de expresión.
Y añado a toda esta crítica que no duden ni un momento de que todos estos altercados han podido ser evitados. Quien piense lo contrario es un animal que no razona. Nosotros, y eso lo sabemos muy bien los universitarios, somos seres racionales que pueden y deben solucionar sus conflictos y diferencias mediante el diálogo, JAMÁS mediante la opresión. Que ya está bien de tanta tiranía. Me parece vergonzoso que los Mossos se disculpen a los periodistas y no a todos los afectados en general, porque hemos visto imágenes de estudiantes quietos que han sido duramente golpeados. Qué defensa propia ni qué tontería, por dios, ¿qué peligro supone un niño de 10 años? El Gobierno entero y todas las autoridades deberían de refractarse de tan calamitosos hechos. Aquellos manifestantes no eran un grupo de hinchas sedientos de sangre, sino un grupo de jóvenes que están luchando por la transmisión del conocimiento en nuestra sociedad. Y que no os engañen, que somos jóvenes pero no tontos. Sabemos que hay gente detrás de nuestras manifestaciones pero nosotros no estamos luchamos por defender sus intereses sino por los nuestros. Y ellos lo sabían. No se puede atacar con los ojos cerrados. A la policía se le enseña muy bien a saber fijar un blanco fijo.
Y como bien dice mi profesor de “Información y Propaganda”, no todo lo anti-sistema es malo. Y no sólo no es malo sino que es necesario, pues todo sistema necesita replantearse constantemente, al igual que el pensamiento humano, porque como tales, estamos condenados a equivocarnos.
Todo mi apoyo a los estudiantes universitarios de Barcelona.

