Bienvenido a mi vida, que es vida y es sueño
como una canción que quiere salir del sombrero
como una mentira mal dicha o una broma
que suena siempre, cual estrella, tan sincera.
Bienvenido a mi vida hecha con versos
de palabras tristes que forman frases feas,
de notas que suenan tan amarillas que ya
pocos oídos escuchan lo que encierran.
Bienvenido a la historia de las frases no dichas
de las palabras nocturnas y bares de carretera,
bienvenido a las luces de neón que no brillan
Encantados con los ojos que hablan sin promesas.
Bienvenido a ésta, poesía incompleta.
La vida no es una fiesta. Todos sonríen ante todos, porque todos lloramos a escondidas. Todos intentan mostrar una imagen impecable, porque todos tenemos muchas cosas que ocultar. Porque la vida no es tan sencilla. Ni es una fiesta. Y yo lo sé ya. Y muchos aún no lo saben. O no lo quieren saber. Y esa es mi condena, pero también mi mayor virtud. Y me cansa… Me cansa ver tantas risas apagadas, tantas copas vacías, tanto amor que se queda en palabras, tanta amistad mal dicha y mal nacida, tanto odio derramado en una mirada y tanta envidia infundada, porque en este mundo, señores, la perfección no existe. Sinceramente, me cansa tanta falsedad. Porque tú y yo sabemos que la vida no es una fiesta, o por lo menos, no el tipo de fiesta que casi todos se imaginan. Porque la vida también es llorar y es sufrir. La vida es siempre luchar por la vida. Y si fuera fiesta, seria la de los vencedores, lade los que aprenden a mirar las cosas sin cerrar los ojos, la de los intentan sobrellevar lo mejor posible su tiempo disponible, sin querer herir a nadie, porque ya tienen todas sus deudas pagadas. Y si uno no conversa consigo mismo, jamás podrá descubrirse, ni saber de qué carece para suplantar el vacio. Y amigos mios, no se engañen, que todos pensamos, por mucho que algunos quieran evitarlo. Pero no se puede evitar ser humano. A ver si todos aprendemos que uno no puede evitar ser lo que uno es, por más que se disfrace. Y es que hasta el Carnaval termina acabándose...
Han llegado temprano a la playa y la arena descansa solitaria. La marea está baja, y a lo lejos, junto al horizonte, se divisan destellos brillantes de color esmeralda que indican que el mar aún no se ha marchado. Ella se quita las chanclas y extiende su toalla. Él la mira, atento. Ella se da cuenta y coquetea mientras se quita el vestido. Él no deja de mirarla.
- ¡Venga!, ¿a qué esperas?
- A que el sol se ponga
- ¿Deliras? ¿Entonces por qué hemos venido temprano a la playa?
- Así tendré más tiempo para mirarte
- ¡No digas bobadas! ¿Nos damos un baño?
- El mar ya no me interesa. En mis ojos ya no existe el horizonte.
Y ella, con cara extrañada, se aleja danzando, dibujando siluetas en la arena, festejando un nuevo encuentro con el mar. La mar. Sólo la mar.

En medio de la plaza yace erguido, altivo, observando los juegos de los niños, tan majestuoso e inmortal. El 18 de octubre cumplirá condena y morirá degollado. Ha sido declarado culpable por vivir rodeado de cemento. Culpable por respirar los humos de los coches. Culpable por ser aquella fuente de imaginación infinita: a veces nave espacial intergaláctica y a veces barco, a veces puente en mitad de un caudaloso río y a veces borrascosa montaña. Pero él jamás sonrío su suerte y jamás lloró sus penas, como si escondiera algún tipo de sabiduría oculta a los ojos de los hombres. Por eso era venerado. Hasta que la sabiduría le dio la espalda, y hasta que el hombre mismo, que un día estuvo enamorado de su figura, dejó de ser sabio, asustado y atormentado por las verdades que había descubierto, y buscó otros amores más lejanos. Él volvió a ser lo que fue, ahora preso entre rascacielos. Silencioso espera su muerte, tan pasivo como siempre, mirando hacia arriba porque teme encontrarse con sus pies.
Hace sólo un par de días estuve paseando por las calles en las que esta misma mañana, a gente como yo, estudiantes universitarios que luchan por defender sus intereses, se les ha tratado como si fuesen el peor de los ganados. Sólo un par días estuve fotografiando aquellas calles en las que fotógrafos y periodistas han sido agredidos por ejercer su profesión. Ahora recorre por mi mente la típica pregunta de ¿hay derecho?
Yo lo tengo claro. No, por supuesto que no lo hay. Y los debates políticos de Cuatro o las opiniones de los diarios pro-gobierno como El País, o Público, o toda la mierda variada del Imperio PRISA o del Imperio Vocento o cualquier otro grupo mediático amoral de nuestro país puede decir lo que quiera. Pero por supuesto que no hay derecho. ¿Cómo va a haberlo? No quiero mentir y quiero ser honesta si digo que no conozco los hechos de primera mano. Hace dos días que tuve la fortuna (visto lo ocurrido) de abandonar aquellas calles. Pero os informo de que la mayoría de los medios tampoco saben más de lo que yo puedo saber. Ni de lo que saben ustedes. Yo, lo que puedo decir como estudiante universitaria es que no hay derecho. Esas personas estaban encerradas en el Rectorado de la Universidad de Barcelona porque llevamos muchos años hablando y reclamando la retirada de un plan que no ha contado en ningún momento con el respaldo de la mayoría del alumnado. Un plan que se ha hecho a espaldas de la comunidad universitaria y de la ciudadanía. ¿Es qué los políticos se creen que pueden hacer lo que les da la gana? Que equivocados están. Nos tendrán que matar, uno a uno, como hacían Hitler o Mussolini, si quieren que nos callemos la boca. Porque no vamos a callarnos. No vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras ellos mangonean el sistema universitario y nuestros planes de estudio a su antojo. La Universidad es uno de los pilares de nuestra sociedad. Ha sido y debe ser el lugar de inspiración de la crítica y de la oposición. Es el lugar de formación de todos los futuros profesionales e intelectuales. Es nuestra casa, la de todos los universitarios. Y no vamos a dejar que la derriben. Por supuesto que NO nos cerrarán la boca porque doctores y catedráticos nos han enseñado que el derecho más preciado del hombre y por el que tanta gente a muerto y sigue muriendo es el de la libertad de expresión.
Y añado a toda esta crítica que no duden ni un momento de que todos estos altercados han podido ser evitados. Quien piense lo contrario es un animal que no razona. Nosotros, y eso lo sabemos muy bien los universitarios, somos seres racionales que pueden y deben solucionar sus conflictos y diferencias mediante el diálogo, JAMÁS mediante la opresión. Que ya está bien de tanta tiranía. Me parece vergonzoso que los Mossos se disculpen a los periodistas y no a todos los afectados en general, porque hemos visto imágenes de estudiantes quietos que han sido duramente golpeados. Qué defensa propia ni qué tontería, por dios, ¿qué peligro supone un niño de 10 años? El Gobierno entero y todas las autoridades deberían de refractarse de tan calamitosos hechos. Aquellos manifestantes no eran un grupo de hinchas sedientos de sangre, sino un grupo de jóvenes que están luchando por la transmisión del conocimiento en nuestra sociedad. Y que no os engañen, que somos jóvenes pero no tontos. Sabemos que hay gente detrás de nuestras manifestaciones pero nosotros no estamos luchamos por defender sus intereses sino por los nuestros. Y ellos lo sabían. No se puede atacar con los ojos cerrados. A la policía se le enseña muy bien a saber fijar un blanco fijo.
Y como bien dice mi profesor de “Información y Propaganda”, no todo lo anti-sistema es malo. Y no sólo no es malo sino que es necesario, pues todo sistema necesita replantearse constantemente, al igual que el pensamiento humano, porque como tales, estamos condenados a equivocarnos.
Todo mi apoyo a los estudiantes universitarios de Barcelona.
Erase una vez la grandiosa historia de la heroica especie humana que logró salir de la barbarie animal y convertirse en genocida sin escrúpulos y en destructora de su propio planeta. Erase una vez una época muy cercana en la que el hombre olvidó todo lo que sabía porque andaba muy ocupado contando billetes. En esta época los medios de comunicación dominaban las informaciones llegadas al resto de los mortales. Pero su ambición no rozaba límites. Erase una vez un día en que la responsabilidad se prostituyó porque quería estar forrada de papeles a la hora de su momificación.
No bastaba con llenarnos la parrilla televisiva de absurdos programas vacios, sin contenido ni fundamento, con mucho guión y pocas palabras. No bastaba con acribillar nuestros aparatos de radio con música repetitiva, monótona, con canciones con letras copiadas unas de otras, con melodías escuchadas hasta la saciedad y ritmos vagos. No bastaba con llenarnos los quioscos con prensa amateur, quisquillosa y chismosa, con más bien poco de rosa y mucho de celosa y mal nacida. No bastaba con emitir informativos con informaciones irrelevantes, cotilleos de poca monta, curiosidades banales y sin transcendencia. No bastaba con hacer gala del circo vergonzoso de la política nacional en la prensa mal considerada seria, periódicos propagandísticos que salen adelante gracias al sudor de estudiantes explotados, que trabajan día tras día "sin ganar un duro" para aprender a resignarse ante la calamidad de los medios de comunicación de nuestros días.
Parece ser que los magnates de los medios de comunicación aún no estaban conformes. Necesitaban alimentar aun más odio, extender más rumores, reírse de los que intentamos que el panorama de los medios sea un lugar más selectivo y más plural. Porque la pluralidad no consiste en crear más periódicos bajo el imperio del mismo grupo mediático, ni en llenar nuestra televisión de canales pertenecientes a 4 míseras cadenas. La pluralidad no es la libertad de ser socialista o de derechas; asqueroso bipartidismo al que nos someten los que manejan el dinero. No. “Señores, la pluralidad ha muerto”. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión pero muy pocos pueden conseguir expresarse. ¿Qué ha cambiado entonces?
A la mierda la vida, sólo importa el dinero. Por eso los medios han sembrado el odio en la ciudad en la que duermo. Sevilla, cuidad dicharachera, sonriente y señorial, punto de mira de los medios hace apenas un par de semanas. Una chica de 17 años desaparece, los medios publican la noticia varios días después. La prensa gratuita sevillana ya tiene el trabajo hecho durante 2 meses, ahora los redactores podrán rascarse felizmente la barriga. Ya no importa la crisis, ni Bagdad, ni Obama, ni ZP ni Mariano, ni los “negritos de África”, ni nada ni nadie más. Tampoco importa la subida desorbitada del bonobús en Sevilla, ni los barrios chaboleros de la ciudad, ni las fatales condiciones de vida de los inmigrantes de la Macarena. Porque ha aparecido un presunto culpable: el exnovio de la chica, y unos cuantos chicos que presuntamente colaboraron para encubrir el crimen. Ahora solo importa lucrarse a base de arruinarles la vida a estos chicos. A la mierda la vida, sólo importa el dinero. A la mierda la ley, sembremos la vendetta.
Todos los medios se hacen eco de la noticia. Crean programas especiales en los que solo se habla de ello. Primera plana en los periódicos. Programas de radio con las últimas novedades. Comienzan las barbaridades: manifestaciones por la cadena perpetua, los medios se llenan de informaciones ilegales y falseadas, las redes sociales se llenan de perfiles (creados por quinceañeros en masa) de los presuntos implicados cuya única misión es destrozar la vida a estos chicos. ZP recibe al padre de la chica para mantener sonriente al pueblo. ¿Y nadie dice nada? ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Es que ya nos han quitado los ojos, los oídos y nuestra razón y los han sustituido por un televisor, una radio y un periódico? Los medios han cumplido muy bien su misión: han creado en la esfera pública una opinión políticamente correcta sobre el tema. Sería de persona insensible y cruel, sería de defensora de asesinos y no de víctimas, decir lo contrario.
Nadie se atreve a decir que sería inconstitucional e injusto (un acto fuera de la justicia) condenar perpetuamente a un chico por un delito que hasta el momento, según las pruebas, parece ser un asesinato sin premeditación. Nadie parece tener en cuenta la presunción de inocencia del mismo y del resto de los implicados. A nadie le importa que uno de ellos tenga 15 años y sea menor de edad, y que no se haya probado nada contra él. ¿Qué más da la vida? El odio ya está sembrado. El dinero ha llegado a su sitio. La moral y la ética ahora es cosa de libros que descansan en bibliotecas vacías. Incluso a veces la ley también. Zapatero no irá ver a los hijos de las miles de mujeres que durante toda su vida recibieron malos tratos y terminaron apuñaladas en los portales de sus casas por querer hablar cuando “los poderosos” no querían.
