Author: Marta Álvarez Martín
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Publico este post para anunciar el cierre de El Andén Número Trece; y también de su blog predecesor (Escritos desde mi celda). A partir del 2012 publicaré en otro blog totalmente nuevo, porque como ya sabeis, en este mundo hay que renovarse o morir. Yo elijo renovarme.

Me gustaría dar las gracias a todos y a cada uno de vosotros, lectores fieles y fortuitos, a todos los que me habéis animado con vuestros comentarios, a todos los que habéis dedicado aunque sea unos segundos a leer mi blog, y que incluso me habéis escrito e-mails. De verdad, muchísimas gracias: es por vosotros por lo que sigo escribiendo, sois vosotros los que dais sentido a mi escritos.

El Andén Número Trece me ha acompañado durante cuatro años, ha sido fiel testigo de mis penas y de mis alegrías, pero siento que debe terminar ya. El número de lectores ha caído en picado en los últimos meses y yo he dejado el blog un poco abandonado. A lo largo del tiempo el contenido del blog se ha vuelto un poco caótico y difícil de encontrar al no estar clasificado. Tranquilos, aprenderé de mis errores.

Dentro de poco subiré a Internet un pdf con todos los post de El Andén Número Trece y de Escritos desde mi celda, y borraré todo. También os dejaré el enlace de mi nuevo blog, que espero que sigais y continues animándome con vuestros comentarios.


Un saludo y de nuevo, muchas, muchísimas gracias por compartir vuestro tiempo conmigo.
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Author: Marta Álvarez Martín
•0:07



Ocurre que a veces me pierdo.Cuando mi cuerpo sigue en pie pero mi mente dice basta. Y los sentimientos me invaden y se apoderan de mi cuerpo,

haciéndome estremecer.

La luz se vuelve más intensa y los colores se difuminan en la lejanía. El mundo se convierte en una pequeña estrella distante.Y yo, cual observadora ciega, permanezco al otro lado de la pantalla, sentada, mirando

sin poder ver.

Las letras se vuelven jeroglíficos, las palabras ladridos, los gestos puñetazos. Mis extremidades no responden; cuando mis manos quieren tocar el cielo y besar sus labios,

sin abrirlos.

Y ya no soy dueña de nada ni de nadie. Solo soy un un par de ojos con dos manos, dos piernas. Tirados,esparcidos.

Pisoteados.

Distendidos en la nada.

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