Author: Marta Álvarez Martín
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Viendo el horizonte de mi playa, el festival de colores y matices del atardecer gaditano, en un día “normal”, como otro cualquiera de mi antigua vida, tomé una decisión sin saberlo. Supe que algún día descubriría qué es lo había más allá. Tomé otra decisión unos días más tarde, al reojear la biblioteca de mi casa. Cogí un libro entre todos, sin saber muy bien por qué, de un autor del que nunca había oído hablar antes. Nadie en mi casa había leído ese libro. Le pregunté a mi madre que por qué lo tenía y me dijo que se lo habían regalado con el periódico otro domingo; y así, mi madre tomó también ese domingo una decisión por mí, siempre sin saberlo. Ese libro es a día de hoy mi libro favorito, su escritor, mi periodista favorito y mi gran ejemplo a seguir. De una manera u otra, esa unión de hechos banales cambió por siempre mi destino. Me pasé todo la vida creyendo que estudiaría ciencias, lectora fiel de las revistas científicas, apasionada del dibujo técnico, y unos días antes de seleccionar la universidad que quería, dije: no, arquitectura no, mejor periodismo. Y nadie se opuso, aunque muchos hubieran deseado que las cosas no fueran así, pero, ¿cómo negar a alguien realizar la cree que es su vocación?

En esta vida todo es fortuito. Nos creemos dueños de nuestro destino, nos creemos que tomamos todas nuestras decisiones conscientemente, pero no es así. En absoluto. Estoy en Teramo porque lo elegí como primer destino Erasmus (pero me ofrecieron Teramo porque estudio periodismo en Sevilla, y quise irme fuera porque el mar y sus atardeceres me hicieron al alma viajera). Pero en absoluto estaba eligiendo mi destino. Nunca, jamás, se puede predecir con exactitud el futuro. Y creía que lo tenía todo controlado… pero fallé en mis cálculos. No sabía aún que un viaje, aunque lo hagas solo, jamás será solo tuyo. Es también, irremediablemente, de todas las personas con las que te encuentras por el camino. Una serie de personas que jamás puedes imaginar que conocerás y que acaban formando parte de tu vida, eligiendo por ti, sin darse cuenta y sin quererlo, tu destino. Mi vida jamás será la que fue y no será como yo creía que sería. Así que ahora, casi a las puertas del final de mi aventura italiana, he decido no pensar más en el futuro y mirar solo al presente. Y todo lo demás está aún por decidir. O quién sabe si quizás la decisión está ya tomada, como pasa siempre, de forma inconsciente. El futuro, recordad muy bien esto, NUNCA se puede decidir juiciosamente. La propia existencia no es sólo de uno mismo, porque la vida la formamos todos los que vivimos.

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2 comentarios:

On 4 de junio de 2010, 0:53 , Antonio D.V. dijo...

mereció la pena la espera,,, perfecto!!!!

 
On 4 de junio de 2010, 15:40 , MMR dijo...

todos sabemos donde queremos ir, Martita, pero nadie sabe hasta dónde podrá llegar.

Totalmente de acuerdo con tu entrada. Sigo echándote de menos.